martes, 4 de febrero de 2014

NUNCA ES DEMASIADO TARDE, PRINCESA de Irene Villa



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

En “Nunca es demasiado tarde, princesa”, Irene Villa nos ofrece una crónica sobre el afán de auto-superación, a través de la narración de siete vidas que podíamos definir como “ejemplares”, que invitan tanto a la reflexión como a la acción del lector. Cada una de estas semblanzas nos invita a movernos, nos dice que cambiar es posible sí se quiere y sí se tiene ganas y afán de superación.

Sin embargo, “Nunca es demasiado tarde, princesa” no es un canto al individualismo; nos estamos ni caminamos solos. Con frecuencia las personas que se encuentran a nuestro lado o con las que ocasional y afortunadamente nos topamos, nos pueden dar la pista, encender la chispa adecuada, guiarnos o simplemente ayudarnos en nuestro camino de auto-crecimiento interior. Incluso podemos hallar un enorme consuelo en animales de compañía, una amistad que, según dicen, nunca defrauda. Así, aunque los protagonistas las siete historias que nos regala este libro adquieren la calidad de héroes cotidianos, lo cierto es que el conocer o encontrar a la persona crucial en el momento adecuado resultó para todos ellos sumamente esclarecedor y beneficioso para su evolución personal.



Narrativamente, “Nunca es demasiado tarde, princesa” funciona tanto como libro de relatos o historias breves, como novela y como texto de auto-ayuda o reflexión personal. Estos tres niveles de lectura aparecen perfectamente nivelados y ensamblados, de tal modo que el mensaje nunca se come a la historia ni viceversa. Los siete textos aparecen unidos por un vínculo común en forma de leve trama argumental: cada una de las que personas que protagonizan las historias resultan ser los invitados a una barbacoa, organizada por la propia Irene Villa y su marido en su hogar familiar. Sin embargo, estos no sólo son amigos o amigas de la pareja, sino que también mantienen algún tipo de relación personal entre ellos. De este modo, la protagonista de una de las historias puede conocer a un hombre fundamental en su vida, que aparece en dicha narración como personaje secundario, pero que posteriormente se convertirá en protagonista de su propia peripecia personal.

Semejante opción estructural se traduce en un texto sólido, que no deja ninguna pieza suelta ni ningún círculo sin cerrar, profundamente convincente y veraz, que sabe conmover y emocionar sin cargar las tintas o sin utilizar fáciles “trucos” de guión. La emoción surge en el lector porque lo que se nos cuenta rezuma autenticidad por los cuatro costados; nos conmueve porque de alguna forma todos podemos sentirnos reflejados o identificados con cada uno de los protagonistas de estas historias. De igual modo, estos se nos antojan muy cercanos porque se nos aparecen como familiares o fácilmente reconocibles o identificables con personas que conocemos o que se han cruzado por nuestra vida en alguna ocasión, por lo que la conexión con lo más íntimo de nosotros mismos está prácticamente asegurada. 



Se trata por tanto de un libro de lectura esperanzadora y positiva, pero a la vez muy realista y humano; no es más que un problema de voluntad y de quererse a sí mismo, de no permitir que los grandes conflictos o penalidades que a veces invaden nuestra vida nos impidan crecer ni caminar hacia delante; que todo se puede superar, que cambiar lo que no nos gusta de nuestra vida, lo que nos perjudica o nos auto-destruye no es difícil sí nos empeñamos en ello y emprendemos pronto la tarea.

JOSEPH B MACGREGOR


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