martes, 25 de marzo de 2014

LOS PAPAS QUE MARCARON LA HISTORIA de Luis Jiménez Alcaide


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR 

En "Los Papas que marcaron la historia", Luis Jiménez Alcaide realiza un exhaustivo recorrido cronológico por la biografía de la mayor parte de los papas que han dirigido la Iglesia desde San Pedro y San Pablo hasta el nuevo Papa Francisco; el autor se muestra preciso, sintético y veraz a la hora de aportar valiosos datos o curiosas anécdotas de cada una de estas semblanzas, sin ocultar absolutamente nada y mostrándolos tal y como fueron en realidad, con sus luces y con sus sombras, con sus aciertos y con sus errores, con sus virtudes y con sus defectos.

A la hora de exponer los hechos, el autor denota una gran capacidad de síntesis lo que se traduce en un estilo ágil y rápido pero también algo apabullante. En ocasiones, son demasiados los acontecimientos que se suceden y estos se van acumulando, para mi gusto, con excesiva celeridad y sin dar un pequeño respiro al lector; en otras, a uno se le antoja que debían de estar mucho más explicados o lo que es lo mismo menos resumidos o descritos con más profundidad. No obstante, en lineas generales, el ensayo cumple su función divulgativa y resulta sumamente esclarecedor - te enteras de cosas realmente asombrosas -  e incluso invita a la reflexión.

Y es que cuando uno termina de leer "Los Papas que marcaron la historia" se pregunta "¿Dónde quedó el mensaje de Cristo?", ya que en casi todas las épocas o siglos - y salvo casos muy contados -  estos hombres eran de todo menos representantes de Cristo en la Tierra. Muchos de ellos, aparecen más como Reyezuelos o Emperadores con ansías expansionistas, delirios de grandeza, que practicaban la sinonimia o el nepotismo cuando les venía en gana, sin olvidar el asesinato, el concubinato o el envenenamiento; tenían hijos o amantes que heredaban sus riquezas o posesiones, organizaban o participaban en Cruzadas contra el infiel, acumulaban riquezas incalculables, quemaban al hereje o al brujo (que casi nunca lo era en realidad) y lo que es más grave perseguían a todo aquella corriente que buscaban vivir con la humildad y pobreza que se evidenciaba en el mensaje de Cristo. En todo momento, se buscaba el pensamiento único y se eliminaba lo que consideraban como desviaciones o sectas y que muchas veces no era más que otra manera de interpretar el evangelio. A todo aquel que iba en contra de sus aspiraciones, se le excomulgaba y punto o directamente se le quemaba en la hoguera o se le torturaba y mataba, incluso enviando un poderoso ejército para fulminarlos como en el caso de los Cátaros.

No es menos cierto que muchos de ellos fomentaron la cultura y el arte y realizaron una importante labor evangelizadora, favoreciendo la evolución de la Iglesia y haciéndola un poco mejor. Sin embargo, siempre ha sido dogmática e inflexible, ambiciosa y corrupta.

JOSEPH B MACGREGOR

sábado, 1 de marzo de 2014

EL PINTOR VIAJERO de VERÓNICA URIBE HANABERGH


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Desde los lejanos tiempos de  Homero, el viaje ha tenido siempre un carácter iniciático; el hombre que lleva a cabo un largo viaje lo cambia y lo transforma de tal y modo que cuando regresa al punto de partida es un hombre nuevo y diferente; la travesía le ha marcado profundamente.

 Paul Gauguin. Nave Nave Moe (1894)

De igual modo, y tal como expone Verónica Uribe Hanabergh en "El Pintor Viajero", han sido muchos artistas cuya obra pictórica se transformó completamente tras la experiencia viajera. El paso de estos pintores por paisajes exóticos como las islas de la Polinesia en el caso de Gauguin,  árabes o áfricanos en el de Barceló, Delacroix, Matisse o Klee y venecianos en el de Monet, Turner o Hodgkin sirvieron no sólo como inspiración de muchas de sus obras sino que también influyo en su técnica, sobre todo en el tratamiento de la luz y del color o en temática y representaciones. Elementos fundamentales para evidenciar tan poderosa influencia son los cuadernos de campo, diarios de trabajo, cartas o bocetos de cada uno de estos artistas que son descritos y analizados con acierto por la autora, reforzando la tesis principal del texto, todos ellos pueden ser considerados también como obras de arte.



Eugène Delacroix. Paisaje de los alrededores de Tánger (1832)

El ensayo de Verónica Uribe no es sólo un tratado sobre arte sino que además reflexiona sobre el hecho transformador del viaje de manera profunda y muy atinada, ampliando el campo de interés del libro, a medio camino entre la tesis filosófica y la crítica literaria. El equilibrio resulta en todo momento ajustado e interesante, sin resultar tampoco demasiado elitista o crítico sino más bien accesible y claro, siempre motivador e inteligente.

Henri Matisse. El café árabe (1913)

JOSEPH B MACGREGOR