lunes, 3 de noviembre de 2014

LA BALADA DE BILLY EL NIÑO de Alfonso Domingo



Opinión de Joseph B Macgregor

Leer La Balada de Billy el Niño, el último libro publicado de Alfonso Domingo, me ha evocado de inmediato un célebre y hermoso texto breve de Kafka: El deseo de ser piel roja:
"Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo". (Traducción: J.R. Wilcok para “La Condena”, El libro de Bolsillo, Alianza Editorial, 1983)


Leyendo está crónica sobre los últimos días de Billy The Kid, he podido experimentar esa sensación libertad absoluta y de rebeldía que irradia el personaje en su larga huida hacia ninguna parte; el mismo estremecimiento que percibo cuando vuelvo a leer una vez más este bello texto de Kafka; un visión algo diferente del famoso bandido que el autor nos presenta como una suerte de Robin Hood fronterizo, siempre en defensa de los más débiles y explotados (de los hispanos), y en contra del gran terrateniente cruel y despiadado (los anglos) . No se nos oculta en ningún momento, su extenso currículo como ladrón de ganado, participante activo en la guerra del Condado de Lincoln, pero fue “un pistolero más, cuatrero, que en realidad no mató directamente más que a cuatro personas – y fue en defensa propia si descartamos entre ellas la de los carceleros de Lincoln, en su último escape- . Las demás muertes en la que fue involucrado no intervino solo, sino con otros y no se le pueden achacar directamente.” (Alfonso Domingo)

Billy The Kid

 Sin embargo, parece que Billy siempre fue un sujeto fiel a un ideal de justicia, nunca traicionó a los suyos y  bastante querido y apoyado por el pueblo mexicano; siempre respetó “el código de la frontera.
 “Los amigos le veían como un defensor, san Jorge justiciero sin espada pero con colt, la misma furia en los ojos cuando se enfadaba, los poros gritando contra la injusticia. ¿Por qué había defendido a los hispanos frente a los abusos de los anglos, por qué, tan rubio, con los ojos azules, tan lejano a ellos por piel, se había hecho un paladín de su causa? Tal vez por el código de la frontera…” (pág. 250)

Pat Garret

En contraste, Pat Garret se nos muestra como un “vendido”, al servicio de un gran terrateniente, que no duda ni un instante en apresar y encarcelar a Billy, a pesar de que fueron grandes amigos y compañeros de fatiga y de timba:
“Juntos jugaron muchas partidas de póquer y monte. […] Cuando <<el gran  casino>> de Garret se quedaba sin blanca, recurría a Billy, <<el pequeño casino>>, que le prestaba, y al contrario sucedía si era Billy el que perdía todo su dinero. [….] Vivían al día, cabalgando juntos, robando ganado juntos y disparando juntos. Eran igual de buenos con el rifle, pero con el revolver Billy era más seguro y preciso.” (Pág.128)
“Tarde o temprano la suerte cambia, y el amigo sincero se vuelve tibio, el conocido, ajeno y el indiferente, traidor. Sin contar que la vida tejía razones para que los amigos entraran a practicar el viejo juego de Judas.  Un poco así le pasaba con el maldito Garret. No se podía quitar de encima que habían cabalgado juntos, que le había hecho un regalo de boda  con caballos robados y que incluso le había regalado un par de barriles de cerveza cuando abrió su restaurante en Forts Summer.” (Pág. 244)

De hecho, Garret también fue ladrón de caballos y ganado, regente de una cantina, jugador profesional y putero y contaba con más de alguna muerte en su haber; fue también un experto cazador de búfalos y trabajó por poco tiempo como camarero, vaquero y carnicero, incluso batalló contra los indios comanches de Caballo Negro. Cuando aceptó el puesto de sheriff del condado, no sólo traicionó a un amigo sino que tampoco respetó el código de la frontera. En palabras de Alfonso Domingo:
“El código protegía a los más débiles, daba máxima importancia a la lealtad y la amistad, al valor, y a adelantarse a quien te quería “madrugar”, pero siempre de frente. Los hombres lo respetaban. Pat Garret fue considerado un  traidor al código por la manera con la que había acabado con Billy, que en un tiempo fue su amigo.”
Garret fue nombrado precisamente porque al haber estado al otro lado de la ley porque: “…conocía los escondrijos de los proscritos, su métodos, sus sendas preferidas, incluso podía pensar como ellos”. (P.132)

Muy interesante resulta también la relación entre los poderosos rancheros, políticos, comerciantes, banqueros o representantes de la Administración con diferentes logias masónicas:
“Otros miembros del Círculo eran el alcalde de Santa Fe Nuevo Mexico y Presidente de la Comisión Río Grande Ralph Emerson Twitchell, el ex gobernador Samuel Axtell, el fiscal del distrito  William Rynerson, el ayudante Mathews, así como el comerciante Emil Fritz, el sheriff Brady… Todo eran masones de la logia Montezuma, autentificada por la de Missouri, uno de sus miembros más importantes había sido Kit Carson”. (Pág. 270) Kit Carson, por ejemplo, apoyó la candidatura de Garret para ser nombrado sheriff del condado.

Ralph Emerson Twitchell
Alcalde de Santa Fe, Nuevo México

Sin embargo, este libro no es sólo la historia de la célebre muerte con menos de veintidós años de Billy the Kid a manos de Pat Garret, sino también la de todos aquellos que conocieron, quisieron y apoyaron al joven bandido, las mujeres que lo amaron y los que le odiaban o temían a los que Domingo da voz y testimonio para de este modo completar y hacer mucho más enriquecedor el retrato de ambos, que son mostrados en toda su dimensión humana, no como meros personajes de leyenda.
Pero La Balada de Billy el Niño no se lee como un ensayo, a pesar de toda la información que despliega no sólo sobre personajes sino en el ámbito histórico, escenarios, paisajes, motivaciones, etc. Se trata de una apasionante novela, narrada con agilidad y fluidez, muy eficaz, que se lee muy bien y que resulta tan interesante y entretenida como cualquiera de las películas del Oeste, basadas en ambos personajes.





JOSEPH B MACGREGOR