domingo, 20 de mayo de 2012

El Bosque prohibido de Aradne/The forbidden forest of Aradne


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

El Bosque prohibido de Aradne es un cuento corto, de unas 70 páginas aproximadamente (en formato digital), de género fantástico que aunque pueden disfrutarlo mucho los lectores más jóvenes pienso que es apto e igualmente recomendable para cualquier persona interesada por este tipo de literatura. 

 La narrativa de Carolina Iñesta se me antoja sencilla y nítida, ágil e inmediata, por lo que la historia se lee muy bien. El argumento me pareció realmente muy interesante y motivador desde el principio hasta el final, sin grandes baches narrativos ni caídas de ritmo. De alguna forma, la autora nos ofrece su particular versión del mito de Orfeo que bajó hasta los infiernos para rescatar a su amada Eurídice, aunque en esta ocasión el cuento sustituye el romanticismo de la leyenda por una peripecia diferente, aunque no exenta de emoción y sentimiento. Lucas, el protagonista, también debe bajar al Averno para cumplir una misión pero sus motivaciones son distintas. En ese sentido, Iñesta Quesada crea unos personajes interesantes con los cuáles es fácil empatizar o sentirse identificado sobre todo los jóvenes lectores. 

 Al ser un cuento corto quizá alguien pueda echar de menos que sucedan más cosas, que los personajes se vean obligados a sortear más peligros o a vivir más aventuras hasta llegar a su destino. Sin embargo, también otros lectores podrán encontrar en esa brevedad y concisión - los más jóvenes quizá - un atractivo lo suficientemente satisfactorio. En cualquiera de los dos casos, El Bosque prohibido de Aradne significa un buen comienzo para interesarse por otras obras de Carolina Iñesta Quesada o un buen aliciente para disfrutar con futuras creaciones. 

 JOSEPH B MACGREGOR

martes, 8 de mayo de 2012

XINGÚ de Edith Wharton



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Esta pequeña joya, editada con suma delicadeza y cuidado por Contraseña Editorial, habla en primer lugar sobre la tontería, el snobismo, la falsa cultura provinciana; un grupo de mujeres de la alta burguesía se reúnen en torno a un Ateneo Literario y Cultural (El Club del Almuerzo" el Club del Almuerzo), una suerte de Club de Lectura; ellas se sienten la élite intelectual de la localidad, la salvaguarda de la cultura. Sin embargo, sus conversaciones y debates demuestran precisamente todo lo contrario, lo vacuo de su discurso, que hablan sobre temas y asuntos de los que no saben absolutamente nada - en la mayoría de las ocasiones no tienen ni repajolera idea de lo que están hablando -; sin embargo ellas parecen vivir felices inmersas en esa especie de auto-engaño en que el se encuentran sumergidas; absolutamente entregadas y comprometidas con la "causa". Las conversaciones que mantienen entre ellas me parecieron divertidísimas ya que ninguna es capaz de reconocer delante de las demás su ignorancia sobre el tema a debatir, por lo que se producen diálogos de un hilarante surrealismo.

Pero esto no tendría mayor importancia sino fuera porque además han creado un círculo cerrado al que resulta difícil acceder hasta el punto de que a una mujer de mundo, diferente a ellas en cuánto a formación, cultura o experiencias como la señora Roby (de todos, el personaje posiblemente más cercano a la autora) no terminan de aceptarla como parte del club, demostrando así su miserable naturaleza. Y todo porque es una mujer con personalidad y con criterio propio. 

La visita de Osric Daneuna célebre escritora al Club del Almuerzo se convertirá en un auténtico revulsivo para el grupo de pseudo-intelectuales y pondrá al descubierto lo ridículas y patéticas que son en realidad. Y todo por una simple palabra: Xingú. Los diálogos que se producen durante la (frustrada) tertulia con la famosa autora no tienen precio, impagables; momento en el que Wharton parece poner toda la carne en asador, descargando todo su sentido crítico y caricaturesco sobre una realidad social - la alta sociedad neoyorkina - con la que no comulgaba ni en la que consiguió nunca sentirse bien integrada ni comprendida pero que conocía de primera mano. En ese sentido, resulta sumamente ameno, interesante y clarificador el prólogo firmado por Eva Puyó en el cuál se insiste mucho en este punto como aspecto esencial que permite explicar gran parte de su obra literaria.

Al igual que su amigo Henry James su narrativa surge de la fusión de lo norteamericano y lo europeo. Buscaba siempre la claridad manifestada en buscar siempre la manera más sencilla de contar las cosas o de describir a las personas. Para muestra un botón; así comienza la historia:

"La señora Ballinger pertenece a esa categoría de damas que persigue la Cultura en cuadrillas, como si fuera peligroso encontrársela a solas."
No se puede explicar mejor y con menos palabras como es la Señora Ballinger, en que consiste el Club del Almuerzo y porque razón se ha creado: se trata de "buscar la Cultura en cuadrillas", la cultura como un pretexto para reunirse y merendar ya que al parecer resulta "peligroso encontrársela a solas", porque así es mucho más "aburrido". Todo el cuento está narrado de esa manera, aportando nulas descripciones y contando como son las personas a través de lo que dicen o de sus actitudes o reacciones. No hace falta contar como van vestidas, peinadas, ni extenderse en grandes explicaciones acerca de la vida de estas mujeres fuera de ese club. Esta es la literatura que me gusta de verdad y que desgraciadamente no está demasiado de moda en la actualidad, época de grandes tochos que cuánto más gordos sean o más páginas tengan parece que son mejores o más interés despiertan entre los lectores actuales. 

Y por último, no puedo terminar mi reseña sin hacer una breve mención a la labor como ilustradora de esa monstrua de la naturaleza, ese ser de sensibilidad infinita llamada Sara Morante, que una vez más hace a través de sus imágenes una lectura personal del texto de Wharton, mostrando mujeres de época, pálidas y de grandes ojeras, que parecen sacadas de un film mudo; hijas secretas y bastardas de Theda Bara, una suerte de brujas elegantes, de enormes sombreros años 20,  dispuestas a encontrar una víctima propiciatoria para su próximo aquelarre.

JOSEPH B MACGREGOR

sábado, 5 de mayo de 2012

Mrs. Hemingway En París



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Hasta este momento, sólo conocíamos la visión que Hemingway nos ofreció sobre la residencia de ambos en París en su célebre novela París era una fiesta, obra que curiosamente apareció en el año 1964, años después de su muerte. En ella, el autor describe su relación con Hadley como la de un matrimonio pobre pero feliz; ofreciendo quizá una visión bastante idealizada de la historia. Ahora, es Hadley la que nos habla sobre su experiencia personal como esposa de un inquieto e inestable Hemingway, el cuál en aquella época buscaba hacerse un nombre en el mundillo literario de la época y ya comenzaba a publicar sus primeros cuentos y novelas, alternando su actividad literaria con su oficio de corresponsal de guerra. De ese modo, Paula McLain, la autora, le ofrece a Hadley una oportunidad para que nos ofrezca su propio versión de los hechos, mucho más realista y que, con frecuencia, no se corresponde del todo con descrita por Hemignway en su celebrada novela. 

La de Hadley es una visión desencantada ya que no llega a ser nunca feliz viviendo en París; en presencia de los amigos o escritores conocidos de su esposo se nos describe como fuera de lugar ya que no se siente lo suficientemente "moderna", y con respecto a su relación con Ernest lo cierto es que se nos confiesa como una mujer profundamente enamorada de su marido hasta el final, incluso cuando la relación comenzaba a dar ya muestras de evidente desgaste. De alguna forma, ella mantiene con su esposo una relación algo maternal, ya que piensa que éste la necesita y que es su principal punto de apoyo en los momentos bajos, bastante frecuentes en un hombre que nunca llegó a superar las secuelas de la guerra en la que participó. 

La visión que se nos ofrece de Hemigway se corresponde con los tópicos más conocidos del personaje: borrachín, amante de mujeres bellas, aficionado a los toros, a los San Fermines de Pamplona y al boxeo, rebelde, pendenciero e inestable. Sin embargo, a través de la mirada de Hadley conocemos sus aspectos más vulnerables y humanos. 

Aunque nos encontramos con una obra de ficción, lo cierto es que Paula McLain ha realizado una profunda labor de documentación (la extensa bibliografía utilizada aparece citada en las páginas finales). Esto se traduce en un personaje sólido y creíble. De igual modo, los sucesos narrados resultan verosímiles, nada exagerados, y sobre todo, no buscan el sensacionalismo o no acuden a lo descarnado o cruento para ganar lectores. 

En general, la novela se lee con agrado e interés, es en los capítulos finales en donde la narración alcanza una mayor hondura y emoción; en ellos, la voz de Hadley alcanza unos niveles de autenticidad increíbles hasta el punto de que da la impresión de que leemos su diario personal; es decir: en muchos momentos, sobre todo al final, uno no tiene la sensación de estar leyendo una historia ideada por una escritora sino con un documento original firmada por la Hadley real. Aquí reside, pienso yo, la mejor cualidad de esta bonita novela.

JOSEPH B MACGREGOR




EN EL PAÍS DEL ARTE: Tres meses en Italia





OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR


En El País del Arte reúne una serie de artículos en los que el escritor Vicente Blasco Ibáñez nos describe su periplo por las diferentes ciudades o regiones italianas. Funciona perfectamente como libro de viajes aunque es mucho más que eso. 

En cada uno de los textos que dedica a las diferentes regiones o ciudades por las que va pasando - así como a sus monumentos (arquitectónicos o no) y rincones más representativos - Blasco Ibáñez hace gala de una profunda erudición y de grandes conocimientos artísticos e históricos. Sin embargo, no parece que sus intenciones sean tan sólo divulgativas o informativas sino que más bien cada una de sus visitas le sirven como excusa para expresar además sus ideas y opiniones políticas sobre la situación española, italiana e incluso europea. Así por ejemplo, en  uno de los primeros artículos Blasco se muestra nostálgico por un Imperio que dominaba el mundo (El Español) y que en aquellos días no pasaba sus mejores momentos; en otros expresa las razones por las cuales la monarquía de Saboya conectó tan bien con el pueblo y consiguió ser tan duradera o exalta la personalidad de Napoleón, el cuál fue capaz de renacer de sus cenizas organizando y comandando la Batalla de Waterloo. En ese sentido, el Blasco escritor se funde con el Blasco Periodista y con el Blasco militante o reivindicativo; en definitiva: se nos muestra como un inteligente narrador con gran habilidad para llevarnos a su terreno. 

Así, En El País del Arte interesará no sólo a los amantes de los libros de viajes sino también a los que disfrutan con la narrativa pulcra y cuidada en la que cada palabra está perfectamente pensada.  De igual modo, las aportaciones artísticas o las evocaciones históricas aportadas por Blasco Ibáñez resultarán muy motivadoras para aquellos lectores entusiasmados por la cultura italiana. Por último, algunas de sus reflexiones políticas nos pueden resultar a la inmensa mayoría de una asombrosa vigencia.

JOSEPH B MACGREGOR