jueves, 17 de abril de 2014

TIEMPO DE ENCIERRO de Doménico Chiappe



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Tiempo de encierro” es uno de los escasos ejemplos de literatura comprometida con la realidad española, que se ocupa de denunciar y reflexionar sobre problemas que están a la orden del día en nuestro país; una novela que, por una vez, no se centra en la narración de historias ambientadas en nuestro pasado reciente (La Guerra Civil, La posguerra, la transición) o más lejanas en el tiempo (novelas históricas), ni en cuestiones metaliterarias o presuntamente vanguardistas, ni en asuntos sentimentales o románticos protagonizados por treinteañeras burguesas adictas a las redes sociales, ni en enredosas tramas de espionaje o detectivescas; opciones todas ellas muy respetables pero que casi siempre parecen escritas de espaldas a los asuntos que preocupan a la sociedad española del siglo XXI.



Igrid, la protagonista de la historia, una mujer de clase media y profesión liberal, decide encerrarse en su casa como protesta ante el próximo desahucio del que va a ser objeto, ella y su marido; cuando comienza la novela está embarazada de pocos meses e intentará superar la sensación de claustrofobia y la soledad del encierro, conversando con el bebé que gesta en su interior a modo de auto-confesión o desahogo, trasmitiéndole también sus dudas y sus preguntas; en ocasiones, su monólogo se nos antoja como un desesperado grito de protesta, un golpe en la mesa fuerte y rotundo, un “hasta aquí hemos llegado” definitivo.


Con respecto al estilo narrativo, Chiappe alterna la tercera persona (para describir las peripecias de Igrid) con la primera (las confesiones al bebé) en una narración que discurre con cierta premura, debido al gusto por parte del autor por las descripciones minuciosas, no tanto de escenarios pero sí de actitudes, movimientos, reacciones, etc. De igual modo, existe una diferencia evidente entre los capítulos de Igrid, mucho más densos y explícitos, y los que cuentan las peripecias de un emigrante latino en nuestro país, narrados en estilo telegráfico, más agiles y sencillos y que aportan una visión más amplia del problema: la crónica de un par de supervivientes.


Como toda buena novela, ésta posee dos niveles de lectura: uno, que se centra en el desahucio en el que se Igrid realiza una valiente denuncia sobre los poderes fácticos que nos gobiernan que protegen y amparan a los banqueros, creando mecanismos para que estos siempre sean los beneficiados; en ese sentido, quien es objeto del desahucio apenas tiene armas o recursos para conseguir un plazo para pagar o soluciones más humanas para poder hacer frente a la deuda. El análisis que se hace del asunto es profundo y siempre certero. Esta apartado sirve además para reflexionar sobre los movimientos anti-sistema, el sentido de la protesta, sí este tipo de movilizaciones sirve realmente para algo. El segundo nivel de lectura es mucho más hondo y filosófico, funciona como una desesperada reflexión sobre la muerte y la vida, en  la que se plantean asuntos como el suicidio, el aborto o la razón o razones por la(s) que decidimos seguir vivos un día más de nuestra existencia. En ambos ámbitos, la novela funciona a la perfección, de manera equilibrada e interesante.





JOSEPH B MACGREGOR

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