martes, 10 de febrero de 2015

LA SOMBRA DEL INQUISIDOR de Roberto Ciai y Marco Lazzeri



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR


La sombra del inquisidor adopta el formato de novela de investigación de ambientación histórica, que parte de un planteamiento a priori bastante interesante y motivador, mezclando además personajes reales (Tomas de Torquemada, El papa Alejandro VI) con otros de ficción. La historia está ambientada en 1949, en Lucca, una ciudad-estado italiana de la Toscana, en la que se produce el misterioso asesinato de Giacomo Scolario, uno de los anziani, miembro del Consejo de Ancianos, responsable de la jurisdicción del gobierno de La República de la ciudad. Ermete Dei Mazzei, funcionario de la Hacienda Pública será el encargado de investigar el caso que se complica más de lo que un principio parecía ya que la esposa e hijos pequeños de Scolario son asesinados salvajemente por unos misteriosos sicarios. En su investigador, Ermette contará con el apoyo y la colaboración de Ortensio, fraile dominico, por lo que éste último se verá obligado a viajar a Roma para tratar de resolver el maldito embrollo ya que al parecer la clave del enigma tiene que ver con un objeto que Scolario legó a una hija secreta que reside en la Ciudad Santa. Pero al parecer, el Inquisidor General de España, Tomas de Torquemada, también está muy interesado en conseguir dicho objeto, y no cejará hasta conseguir su propósito aunque para ello tenga que emplear métodos nada ortodoxos.




 Roberto Ciai y Marco Lazzeri nos ofrecen un texto minucioso y descriptivo, en el que adquieren gran importancia los diversos escenarios en los que se van desarrollando la acción: desde la casa más humilde o miserable hasta las estancias del Vaticano, tanto o más que los personajes. En ese sentido, emplean mucho texto para describir al milímetro dichos entornos, utilizando además muchas comparaciones con cierto sentido poético. Por eso, la acción de la trama se desarrolla quizá con menos agilidad que la que se desearía, ya que se los narradores se detienen excesivamente en los detalles. Desde mi punto de vista, a esa afición de los autores por la descripción, para mí gusto algo indigesta, hay que añadir la cantidad de diálogos que mantienen los personajes en las que, con frecuencia, se dedican a intercambiar impresiones sobre un tema (casi siempre de carácter religioso o de fe), que aunque resultan interesantes y muy clarificadoras, a veces da la impresión de estar de más, o lo que es lo mismo, estoy seguro que si no se produjeran no influiría demasiado en el desarrollo de la trama principal.




 No obstante, el misterio que sustenta la historia, así como los personajes estelares, resultan lo suficiente motivadores o atractivos como para que merezca la pena leer la novela hasta el final. De igual modo, las conclusiones que podemos sacar de los últimos capítulos resultan como poco bastante interesantes y muy valiosas. Éstas tienen que ver con la posibilidad de una unión absoluta entre las distintas religiones: el judaísmo, el cristianismo y la religión musulmana. Es cierto, que los autores combinan sucesos reales con otros de ficción o inventados, y que dichas conclusiones se infieren de un documento que no existe más que la imaginación de Roberto Ciai y Marco Lazzeri, pero la propuesta de tolerancia y unidad no deja de ser razonable y, tal y como está el mundo más que deseable.



 JOSEPH B MACGREGOR

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