sábado, 1 de marzo de 2014

EL PINTOR VIAJERO de VERÓNICA URIBE HANABERGH


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Desde los lejanos tiempos de  Homero, el viaje ha tenido siempre un carácter iniciático; el hombre que lleva a cabo un largo viaje lo cambia y lo transforma de tal y modo que cuando regresa al punto de partida es un hombre nuevo y diferente; la travesía le ha marcado profundamente.

 Paul Gauguin. Nave Nave Moe (1894)

De igual modo, y tal como expone Verónica Uribe Hanabergh en "El Pintor Viajero", han sido muchos artistas cuya obra pictórica se transformó completamente tras la experiencia viajera. El paso de estos pintores por paisajes exóticos como las islas de la Polinesia en el caso de Gauguin,  árabes o áfricanos en el de Barceló, Delacroix, Matisse o Klee y venecianos en el de Monet, Turner o Hodgkin sirvieron no sólo como inspiración de muchas de sus obras sino que también influyo en su técnica, sobre todo en el tratamiento de la luz y del color o en temática y representaciones. Elementos fundamentales para evidenciar tan poderosa influencia son los cuadernos de campo, diarios de trabajo, cartas o bocetos de cada uno de estos artistas que son descritos y analizados con acierto por la autora, reforzando la tesis principal del texto, todos ellos pueden ser considerados también como obras de arte.



Eugène Delacroix. Paisaje de los alrededores de Tánger (1832)

El ensayo de Verónica Uribe no es sólo un tratado sobre arte sino que además reflexiona sobre el hecho transformador del viaje de manera profunda y muy atinada, ampliando el campo de interés del libro, a medio camino entre la tesis filosófica y la crítica literaria. El equilibrio resulta en todo momento ajustado e interesante, sin resultar tampoco demasiado elitista o crítico sino más bien accesible y claro, siempre motivador e inteligente.

Henri Matisse. El café árabe (1913)

JOSEPH B MACGREGOR


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