sábado, 5 de diciembre de 2020

ESTE MAR AL FINAL DE LOS ESPEJOS de MARINA CASADO


 

1.       Curriculum Breve


Marina Casado Hernández es una joven escritora madrileña (30 años) que en la vida real ejerce como profesora de lengua y literatura española en un instituto de la localidad, siendo además licenciada en periodismo y Doctora Cum Laude en Literatura Española por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis «La nostalgia inseparable de Rafael Alberti», publicada por «Ediciones La Torre» en mayo del 2017. Otro ensayo, que me parece profundamente interesante y muy recomendable es «El barco de Cristal: referencias literarias en el pop-rock.», único en este país y creo que en el mundo, uno de los mejores análisis sobre las influencias literarias en los grupos o cantantes pop-rock de finales del siglo XX, tanto en Estados Unidos y Europa, como en España. Uno de los mejores ensayos que he leído en mi vida.

Muchos de sus poemas han sido galardonados además con una larga lista de premios poéticos – ha sido varias veces finalista del premio “Adonáis” de poesía, por ejemplo - y ha publicado múltiples artículos en diversas revistas o periódicos culturales y literarios. Actualmente, colabora además en el periódico «el País», con artículos sobre el Madrid literario e histórico, centrados algunos de ellos en el Madrid de Galdós.

«Este mar al final de los espejos» (premio Carmen Conde de Poesía, 2020) es su último poemario, publicado la editorial «Torremozas» en septiembre del 2020.

 

2.       Unos breves apuntes sobre su poética y trayectoria literaria hasta la fecha

 

Marina Casado autodefine su estilo como “marinístico”. El “marinismo” empezó en 1998 a raíz de una anécdota personal con su primer gato, y este neologismo sirve para englobar algunos rasgos propios de su estilo literario, una serie de obsesiones, temáticas o símbolos a los que siempre acude en todos sus creaciones como son el mar, los espejos, la infancia, la nostalgia, la perdida de la inocencia, la muerte, la redención del amor, etc. Todos ellos confluyen en un eje vertebrador, en un común punto de encuentro: el deseo de Marina de no perder nunca a esa niña/niño que todos tenemos dentro. Para ella resulta esencial saber conservar siempre intacto aquel pequeño rincón, nuestro particular País de las Maravillas, en el cual poder evadirse o escapar de una realidad con frecuencia gris, oscura, triste o desoladora.



3. Marina y Los Bardos

Marina pertenece al grupo «Los Bardos», un grupo de poetas y amigos, surgido hace cinco años, que se reúnen en Madrid, concretamente en la cafetería «Gadir», lugar emblemático de la cultura madrileña, en torno al cual organizan sus tertulias literarias, leen o comparten sus poemas, hacen recitales, y todo tipo de eventos relacionados con sus inquietudes culturales o literarias.

Fue el editor Jose María de la Torre de «Ediciones La Torre», quien le pide a Marina que reúna a un grupo de poetas jóvenes para hacer una lectura-homenaje a una colección de poesía «El Bardo”, donde publicaron muchos poetas de los 50 por primera vez, con motivo del cincuenta cumpleaños de dicha colección. En una terraza del bar estos nuevos poetas, escogidos por Marina, leen por primera vez sus poemas y les gusta tanto la experiencia que deciden volver a reunirse en el «Gadir» para seguir enriqueciéndose mutuamente. Posteriormente, se publica la antología «A viva voz”: Antología poética del Grupo Poético Los Bardos» («Ediciones la Torre», marzo de 2018) que incluye una selección de poemas de los doce «bardos» primigenios (actualmente, sólo quedan en activo seis) y que fue coordinada y prologada por la propia Marina.


4. Poemarios esenciales

Marina ha publicado cuatro poemarios, pero de entre ellos destaco el primero y el tercero:





·       Los despertares («Ediciones La Torre» 2014). Los poemas fueron escritos desde los 17 años, pero el poemario fue publicado a los veinticuatro: dividido en dos partes - «Soledades de la Bella Durmiente», centrado en el célebre personaje del cuento de los Hermanos Grimm, y «Retornos del Espejo», dedicado a Alicia. Ambas aparecen “marinizadas”: en el caso de la Bella Durmiente no hay príncipe azul ni beso, y la princesa Aurora despierta a la realidad y debe enfrentarse a un mundo nuevo y diferente, que se le antoja desconocido y hostil. Con respecto al personaje de Carroll, María se pregunta qué pasa cuando Alicia ya no es una niña y debe enfrentarse a la realidad, al mundo adulto, y sin embargo renuncia a salir del mundo de las maravillas. Así se veía la propia Marina, una suerte de Peter Pan femenina con dificultades para adaptarse al mundo adulto, a crecer, etc.



·               De las horas sin sol, («Huerga&Fierro editores», 2019). La trágica muerte de su padre con sesenta años y las tristes circunstancias que provocaron su fallecimiento obliga a la autora a madurar y a cambiar su mirada poética. Ella lo define como un eclipse, un intento por salir a la luz porque ha caído a lo más profundo. “La muerte existe, pero las personas no mueren hasta que dejamos de recordarlas”. Su padre fue también su profesor y gracias a él supo a apreciar la poesía. El poemario se estructura en dos partes, muy bien delimitadas: una primera parte en la que la muerte es el eje central, un poemario de luto; y un segunda en la que aparece en su vida su actual pareja, el poeta Andrés París, y gracias al amor puede encontrar por fin una luz al final del túnel.



5.       Apuntes sobre “Este mar al final de los espejos” premio Carmen Conde de Poesía 2020

Este poemario nace como una evolución y en parte como una ruptura con sus anteriores libros. Su estilo y su voz poética se torna mucho más clara, menos clásica, eludiendo lo barroco y consiguiendo unos poemas mucho más cercanos. Se trata por tanto de un poemario temáticamente más variado - cada poema es diferente uno del otro – pero sin perder el carácter conceptual de sus anteriores obras. «Este mar al final de los espejos”» gira en torno a una idea que va desarrollando en cuatro bloques: la vida se muestra conformada por tres espejos que forjan nuestra existencia y que confluyen en la muerte. Sin embargo, viejas obsesiones vuelven aparecen en sus versos ya que los espejos y el mar, símbolos recurrentes en su poética, conforman el núcleo central del libro.

 El poemario se abre con una cita atribuida a Alejandra Pizarnik, una influencia y descubrimiento fundamental para Marina y razón fundamental de su cambio de rumbo o de viraje poético.

Es un cerrar los ojos y jurar no abrirlos. En tanto afuera se alimenten de relojes y de flores nacidas de la astucia. Pero con los ojos cerrados y un sufrimiento en verdad demasiado grande pulsamos los espejos hasta que las palabras olvidadas suenan mágicamente.

Dividido en tres bloques, cada uno de los espejos antes citados (el hueco, la herida, la poesía) y rematado con una suerte de epilogo (este mar al final de los espejos) a modo de desenlace esperanzado y luminoso.

El poema que sirve de introducción es sumamente esclarecedor:


Tres espejos sonámbulos

Habrá un murmullo en medio de la noche,

un canto subterráneo que nos llame

y nos empuje al precipicio

de las preguntas sin respuesta,

de la búsqueda frágil de nuestro yo remoto

hundido en el reflejo.

 

Los espejos caminan con los párpados vueltos,

esconden sus sombrías intenciones

-tocas mi palma con tu palma fría,

me miras con mis ojos.

 

Habrá un hueco erigido de nostalgias,

una herida sin tiempo

y la poesía

la poesía que vino a salvarme de la vida.

Mi vida: tres espejos

y al final este mar que a todos nos aguarda.


Conviene detenerse, sobre todo, en la última estrofa:

1º Espejo: “Habrá un hueco erigido de nostalgias”: es decir, el vacío que nos deja las cosas que ya no están, los momentos que hemos vivido y ya no viviremos. En el caso de Marina Casado es una nostalgia de la infancia - y de todo lo relacionado con ella, por ejemplo: la casa en la que vivía, sus primeras lecturas, la bicicleta, las películas, las canciones, aquella niña que leía a Cernuda, por ejemplo, y que se refugiaba en la literatura por su introversión y timidez - y la adolescencia no del todo perdida. Aparecen algunos símbolos marinísticos: Alicia, Peter Pan o La Bella Durmiente a los que les da, sin embargo, una vuelta de tuerca.

2º Espejo: “una herida sin tiempo”: todos tenemos heridas que nos marcan en la vida, a veces ni siquiera recordamos cuando surgieron, en qué momento de nuestras existencias experimentamos esa sensación de dolor, en otros casos, sí. Aparece de nuevo la muerte del padre y la redención por el amor, presentes en «De los días sin sol».

3º Espejo: y la poesía, / la poesía que vino a salvarme la vida”. El tercer espejo es la creatividad, la capacidad de poder expresar lo que uno siente, de reflexionar sobre el dolor, pero también sobre la alegría, las derrotas y las batallas, la melancolía y la alegría de vivir: “somos todos los muertos/ que nos amaron” («Legado»). La poesía se identifica también con el amor: el amor es la poesía, citando a Cernuda.

Y al final de la vida nos sumergimos en este mar en el que confluyen los tres espejos: “el mar, que es el morir” que escribiría Jorge Manrique en Coplas a la muerte de su padre; un símbolo también muy machadiano, que Marina retoma a modo de desenlace, pero esperanzador, luminoso. La muerte es descrita como una suerte de eterno retorno.

Sin embargo, «Este mar al final de los espejos» se me antoja como un poemario más apegado a la realidad, a lo físico, a lo tangible: a ciudades como Roma («No hay gatos en Roma»), a Granada («Paseo de los Tristes»), a Madrid y a la Guerra Civil («Madrid»), combinado con otros poemas en los que aborda sus obsesiones más características antes enunciadas, pero la poeta está más abierta al mundo, menos encerrada en sí misma y en sus obsesiones.

© Joseph B Macgregor

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