miércoles, 15 de junio de 2016

YO SOY MALALA / MALALA MI HISTORIA De Christina Lamb / Patricia Mccormick




OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR
A finales del año pasado, se estrenó en los cines de algunas provincias españolas el documental “Él me llamó Malala” (He Named Me Malala, Emiratos Árabes, 2015), guionizado y dirigido por Davis Guggenheim, centrado en la figura de la adolescente pashtun Malala Yousafzai, la cual recibió el Premio Nobel de la Paz 2014, con solo diecisiete años, por su defensa del derecho a la educación de las niñas de Pakistán. Por ese motivo, fue considerada una enemiga por los talibanes que dominaban la localidad de Mingora, en el valle de Swat, situada en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa del noroeste de Pakistán, y, como consecuencia, recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba de la escuela con sus compañeras en un pequeño autobús por parte de un extremista. El guión del film se inspiró en el libro “Yo soy Malala”, escrito por la periodista Christina Lamb, al dictado de la propia Malala Yousafzai.

En “Yo soy Malala”, Lamb opta por narrar la historia de Malala en primera persona, buscando que la voz suene como la de una adolescente, para así dotar de mayor verosimilitud al testimonio de vida de la biografiada. Así, la prosa es clara y sencilla, propia de una niña, en la que se mezcla una insólita madurez con la ingenuidad propia de su edad.

Aunque Malala nos cuenta su vida desde que nace hasta que recibe el Premio Nobel de la Paz “su lucha contra la supresión de los niños y jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación”, en todo momento su padre, Ziauddin Yousafzai, aparece como una figura fundamental en su formación y en su implicación político-social.  Hombre culto, contrario a la intolerancia y al radicalismo talibán, maestro de profesión y creador de la Escuela Khushal, en la que reciben educación un alto porcentaje de niños y niñas. Los talibanes, que tenían invadida Mingora, se oponían (entre otras cosas) a que las mujeres fueran a la escuela, por lo que la defensa del derecho a la educación de las mujeres que propugnaban Malala y su padre, lo consideraban una provocación y un “pecado” terrible, contrario al Corán. A lo largo del libro, la figura de Ziauddin Yousafzai está muy presente, de tal modo que adquiera el papel de co-protagonista de la historia.

Pero el texto no sólo resulta interesante por ser testimonio fiel de las peripecias de Malala, que ya desde muy niña – con sólo 11 años escribía un blog de carácter reivindicativo en el que expresaba su opinión sobre los abusos de los talibanes y ha recibido múltiples premios por su labor en pro de la igualdad en la educación – se implicó muy mucho en la lucha contra el radicalismo y la defensa del derecho de las niñas de asistir también a la escuela. “Yo soy Malala” describe además la historia política de Pakistán, las contradicciones y errores del pensamiento talibán, la problemática de una localidad tomada por un ejército talibán, la ineficacia o apatía del ejército pakistaní para erradicar de raíz semejante lacra y, como este pensamiento, tan distinto y diferente al occidental, lo único que provoca es atraso, injusticia social y la muerte indiscriminada de inocentes.

El segundo libro “Malala Mi Historia”, firmado por la escritora, especializada en literatura para jóvenes, Patricia Mccormick, al dictado también de Malala Yousafzai, cuenta prácticamente la misma historia y destila idéntico tono que “Yo soy Malala”, pero con un texto destinado a los lectores adolescentes. La odisea de Malala aparece aquí mucho más sintetizada o resumida para conseguir así una lectura más ágil y accesible.

Ambos textos están escritos “A Mayor Gloria De” Malala, heroína absoluta de la historia ya que consiguió no sólo sobrevivir a un tremendo atentado, gracias también al magnífico trabajo de los médicos y cirujanos del hospital de Birmingham, sino hacer concienciar al mundo de la grave problemática político-social que vive Pakistán, sometida a la dictadura de pensamiento talibán. Existe también una más que evidente idealización de Occidente, como sinónimo de modernidad y progreso, frente al radicalismo, fanatismo y sinrazón oriental que, en todo momento, sobrevuela la ideología de los libros, como reflejo claro del pensamiento liberal y progresista de la joven Malala.

JOSEPH B MACGREGOR



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