martes, 19 de abril de 2016

JEAN-PIERRE MELVILLE de Carlos Aguilar




JEAN-PIERRE MELVILLE de Carlos Aguilar

Opinión de Joseph B Macgregor

Gran conocedor y estudioso del <<cine-bis>>; aficionado a los realizadores-francotiradores; colaborador del espacio televisivo "Historia de nuestro cine" y del fanzine Cinema-Bis; cazador de rarezas; rescatador de films olvidados; inventor de la mítica "Guía del Vídeo-Cine" (tabla de salvación del cinéfilo de los 80 cuando aún no existía <<FilmAffinity>>); especialista en el spaghetti western; autor de novelas del Oeste, el inefable Carlos Aguilar, emprende la compleja tarea - tras un espléndido libro sobre Jesús Franco, también publicado en <<Cátedra (Colección Signo e Imagen)>> - de desentrañar los entresijos de un realizador transcendental en la evolución y fortalecimiento del cine policíaco francés de género, <<El Polar>>: Jean-Pierre Melville, cineasta de personalidad “peculiar” y que cuenta con una filmografía tan irregular como corta - trece películas en veinticinco años -; varias pueden considerarse como grandes obras de culto del Polar Francés ( y del cine en general).





Nacido como Jean Pierre Grumbach, (París; 20 de octubre de 1917 - ídem; 2 de agosto de 1973), cambia su apellido por el de Melville, movido por su admiración por el escritor Herman Melville (Nueva York, 1 de agosto de 1819 – ib., 28 de septiembre de 1891); más por "Pierre y las ambigüedades" que por "Moby Dick”.  Ya de muy pequeño lo tuvo claro: "Quiero ser director de cine", afirmaba con rotundidad. Cinéfilo impenitente, de niño llegó a pasarse más de 9 horas viendo películas en una sala de cine. Su educación cinéfila se forjó con las grandes películas norteamericanas de la edad dorada de Hollywood, - el western y el thriller eran sus géneros favoritos - mucho más que con el cine de su país, que le desagradaba profundamente.





Como de costumbre – sucedía así en sus estudios sobre Sergio Leone, Clint Eastwood o el ya citado sobre Jesús Franco (Los tres para <<Signo e Imagen>>) – Aguilar no se limita a realizar un análisis crítico sobre la filmografía de Melville, sino que además se ocupa del personaje en cuestión: un hombre de mal carácter, difícil de tratar, misántropo, solitario, individualista, misógino; en definitiva, un sujeto con un universo propio y una mirada personal nacida de una impenitente cinefilia, rasgos presentes en todas sus películas en mayor y menor medida. De hecho, a Melville no le interesaba para nada el realismo en su cine, sino que sus guiones y sus películas son producto del cine norteamericano del cual se nutrió en sus largas jornadas cinéfilas. Sus argumentos o tramas se desarrollan en un “territorio Melville”, que tiene más que ver con el cine negro americano que con la visión realista del mundo del hampa esgrimida por sus coetáneos europeos o norteamericanos. Son piezas sobrias, que destilan un brutal nihilismo y pesimismo sobre la naturaleza humana; la traición suele ser el gran tema de muchos de sus films. No hay lugar para el amor ni para el sentimentalismo, ni siquiera para el erotismo, aunque siempre aparezca en sus películas un night-club o piezas de jazz, junto al cine, su otra gran pasión.





Su personalidad individualista y autodidacta se evidenció en una producción cinematográfica irregular; algunas películas se terciaron en condiciones paupérrimas, auto-financiadas por el propio Melville, lo que no siempre se tradujo en buenos resultados ni críticos ni a nivel de taquilla, mientras que en otras ocasiones surgieron unas obras potentes, que afianzaron su prestigio como realizador fundamental del Polar Francés. De igual modo, sus películas ayudaron mucho al fortalecimiento de las carreras de actores tan importantes del cine de su país como Jean Paul Belmondo, Lino Ventura o Alain Delon. O consiguió interpretaciones insólitas de actores tan emblemáticos e internacionales como Bourvil, Gian Maria Volonté, Yves Montand, Simone Signoret, Paul Meurisse o Jean-Pierre Cassel.




Tanto por el jugoso anecdotario en torno a la gestación de cada una de las películas, que engloba también su (mala /terrible) relación con sus actores, como por el análisis crítico – en general, bastante certero – de los trece films de Melville el trabajo de Aguilar resulta a todas luces excepcional, siempre interesante, nunca redundante. Su profunda admiración por el director de El Silencio de un hombre, Círculo Rojo o El Ejército de las Sombras, no impide que el análisis de los films se traduzca en un texto inspirado por un fanatismo cegador, sino muy al contrario, el autor destaca aquellos elementos que considera dignos de reseñar, elogiar o subrayar, pero también describe errores, desaciertos, aspectos mediocres o directamente ininteligibles de aquellos films que no son de su agrado o que considera equivocados dentro de la siempre apasionante carrera de un realizador tan inclasificable y complejo como Jean-Pierre Melville.






JOSEPH B MACGREGOR



2 comentarios:

  1. Genial reseña, enhorabuena!

    Estoy entre adquirir este y otro titulado "Crónicas de un samurái", de Jose Francisco Montero. ¿lo has leído o tienes referencias? Por lo que he encontrado en internet, parece que ese profundiza más, pero no lo sé...

    Un saludo!

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    1. Hola ¡Qué tal!... Me alegra que te haya gustado mi reseña. No he leído el estudio que me comentas, pero esa editorial suele publicar muy buenos ensayos.

      Un saludo!

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