sábado, 9 de enero de 2016

DESPERTAD AL DIPLODOCUS de José Antonio Marina



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Desde la implantación de la democracia en nuestro país hasta el año 2016, recién estrenado, y con cada cambio de gobierno, se han ido aprobando leyes educativas con el objetivo de mejorar nuestro cada vez más ineficaz sistema educativo. En opinión del autor del libro, José Antonio Marina, éste (el sistema educativo) sería como una especie de enorme y pesado diplodocus que permanece dormido, a la espera de que alguien o algo lo despierte de su letargo de años. Marina pretende con este ensayo - que no es sólo una propuesta teórica, sino que espera poder algún día llevar a cabo-, despertar de una vez al diplodocus, de ahí el título del libro. 

José Antonio Marina, investigador sobre la psique humana y la psicología infantil pero fundamentalmente docente, expone en primer lugar los principales errores del que parten todos los proyectos educativos promulgados hasta este momento, y que consiste básicamente en querer solucionar el problema a base de legislación, sin tener en cuenta otros factores mucho más importantes y trascendentales, en opinión del autor, para conseguir una educación eficaz y útil para nuestra sociedad.

En primer lugar, uno de los principales problemas con el que se encuentran tanto legisladores como docentes, alumnado y familias es lo que el tecnólogo Ray Kurweil, director de investigación de Google, definió como la ley de aceleración tecnológica: cambios tecnológicos que se creían que tardarían aproximadamente cincuenta años en producirse, resulta que se consiguieron implantar en tan sólo cinco años. Y estamos hablando del año 2001. Actualmente, conforme pasan los meses, el avance de la informática y lo digital se hace cada vez mayor, por lo que tanto a legisladores, docentes o familias les resulta una ardua labor ponerse al día; algo en lo que sin duda el alumnado da cien vueltas a los adultos. Igual que en la posguerra española, los alumnos/as escribían con una tiza y un pizarrín, posteriormente, con pluma y tinta, seguidamente, con lápiz, cuaderno y goma Milán y actualmente, a final de Segundo Ciclo y Tercero, comienzan a utilizar el bolígrafo, en el siglo XXI parece que habría que optar por el procesador de textos o la PDI. Sin embargo, seguimos todavía anclados la mayoría de los docentes en usos y costumbres que se remontan a hace más de cincuenta años de antigüedad. Lo mismo sucede con otros temas como la clase magistral, el dictado de temas y otros tipos de estrategias pedagógicas que llevan al aburrimiento de gran parte del alumnado (en el texto se aportan porcentajes altísimos) y de crisis o abatimiento en el docente que no consigue impedir, por más intentos de motivación que ponga en práctica, que gran parte de sus alumnos terminen abandonado el instituto. 

Pero un aspecto importante que subraya Marina en su ensayo a este respecto, una primera premisa que debemos considerar primordial es que la Educación no es algo que debe permanecer como encerrado en un compartimento estanco, alejado de la sociedad en la que vive, sino que tanto maestros/profesores, colegios, familias, ciudades, empresas, administración pública, parlamentos y naciones están obligados en convertirse en <<expertos en aprendizaje>>; es decir que toda la sociedad debe estar implicada en la enseñanza, para así no quedarse obsoleta, por detrás de los avances que cada vez más rápidamente nos invaden. ¿Y quiénes deben ser los impulsores y responsables de esta <<sociedad del aprendizaje>>? Los docentes que en ese sentido se verán obligados a cambiar el chip si realmente desean conseguir buenos resultados; cambios trascendentales y quizá dolorosos. Es imprescindible sacar a la escuela de su aislamiento de siglos y considerarla como parte de un todo, de un sistema mayor que es el <<sistema educativo>>.

Por otro lado, es imprescindible considerar que la educación no es una suerte de proceso de domesticación de niños/as, sino que debe ser la "actividad creadora por antonomasia". Por ese motivo, el problema no se soluciona promulgando leyes sino a través de lo que el autor define como una <<Superciencia>>, que denomina como ciencia de la evolución cultural y del progreso educativo: "una ciencia del cambio a través del aprendizaje". Por eso, la escuela debe cambiar su perspectiva y su sistema pedagógico, basado en la clase magistral y la acumulación de conceptos o conocimientos, por otro mucho más activo y participativo. Marina asegura que de implantarse este método, en cinco años se conseguiría despertar al diplodocus de su letargo y cambiar las cosas, convertir nuestro país en uno de los más altos en el ámbito de formación educativa: "conseguir que el 90% de la población escolar alcance el éxito educativo, que no es solo evitar el abandono escolar, sino alcanzar las competencias necesarias y las condiciones para lograr la felicidad personal y colaborar a la felicidad social".

Por eso, es necesario tener buenos gestores educativos, algo que nuestro país no se ha pensado nunca que fuera necesario. Cito textualmente: "Un ejemplo: cuando el Ministerio de Educación centralizaba todas las competencias educativas, empleaba a más de seiscientos mil profesores. Cualquier empresa que tuviera esa plantilla dispondría de un poderoso departamento de Recursos Humanos para cuidar de las relaciones, la formación, los destinos, la evaluación y la carrera profesional de esos empleados. Nunca ha existido algo así, ni existe, como tampoco existe en la administración pública, otro diplodocus dormido."

Todos estos aspectos, los va desarrollando y explicando con mayor detalle a lo largo de los capítulos que componen el libro. Tal como la explica, su ciencia de la evolución cultural y del progreso educativo parece bastante lógica, acertada, eficaz y plausible, aunque pienso también que se trata de un plan bastante ambicioso, ya que exigiría por parte de las partes implicadas en el asunto de la educación un consenso que, tal como están las cosas en ese sentido en este país, resultaría poco más que imposible o de complicada puesta en práctica. Y es que hay algo que es muy y cierto, y que se menciona en uno de los capítulos; todas las leyes educativas promulgadas en nuestro país han evidenciado un marcado cariz político e ideológico tanto de derechas (cuando gobierna el PP) como de izquierdas (cuando lo hace el PSOE). Para conseguir despertar al diplodocus debería consensuarse por todas las partes implicadas (docentes, legisladores, familias, etc.) un documento que tuviera en cuenta todos los aspectos comentados y descritos por Marina en este libro; sobre todo y muy importante considerar la educación como el elemento fundamental de una sociedad, no como uno más, o el último al que hay que atender y en el que dicha sociedad deberá implicarse por completo.

JOSEPH B MACGREGOR

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