lunes, 19 de enero de 2015

NO QUIERO IR A LA ESCUELA de Manel Moles



Opinión de Joseph B Macgregor




Manel Moles

No sé qué pasa con el sistema educativo español, que se promulgue la Ley de Educación que sea (De la LGE hasta la LOMCE ), siempre nos encontramos con alumnado, familias, profesorado, equipo directivo, orientadores de centro, personal, etc que muestran su descontento ante la situación de la enseñanza en nuestro país. Como profesional de la educación durante más de quince años me siento bastante identificado con muchas de las cosas que se plantean en este libro, "No quiero ir a la escuela", firmado por Manel Moles, en el que se nos intenta exponer las razones por las cuáles algunos padres en Cataluña (ignoro sí en el resto de España también es así) han decidido educar a sus hijos en el hogar familiar, a través de lo que se ha dado en llamar homeschooling, practica que es considerada ilegal por la actual Ley de Educación ya que los niños están obligados a estar escolarizados en una escuela. 



En caso de que un niño/a deje de asistir a clase durante un tiempo excesivo, será declarado asentista y entonces el tema se pone en mano de Asuntos Sociales que debe obligar a que el crío se escolarice. Sí la familia continúa en sus trece, el caso puede llegar a los tribunales y sería un juez el que dictaría sentencia en la que quedaría patente la obligatoriedad de dicha escolarización, con penas de cárcel en caso de que dicha sentencia no se cumpla. Sin embargo, con el tema del homeschooling al parecer existe un vacío legal y en muchas ocasiones los casos terminan siendo archivados y no prospera la moción; y en caso de que sí lo haga, el alumno sería lo suficientemente mayor como para que ya pueda escolarizarse con mayor libertad en un instituto, no tendría que cursar primaria en una escuela.



En el libro se nos expone todo esto, así como el modo y funcionamiento de las familias que han optado por educar a sus hijos en su casa, su modus operandi y se hace a través de la peripecia de Frank, un joven padre cuyo hijo Álex no desea ir al colegio nunca más. Frank no parece muy convencido de qué el homeschooling sea la mejor solución, pero poco a poco a través de una serie de personas que van apareciendo en su vida y que practican esta modalidad de enseñanza se va convenciendo que quizá esto sea lo mejor para su hijo. 



La novela funciona por tanto en una doble perspectiva: por un lado, como una historia tragicómica, cuyo argumento se centra en narrarnos las peripecias sentimentales y paterno-filiales de Frank con sus dos matrimonio (en el primero su mujer falleció en un accidente de circulación), sus dos hijos (una hija, Lilian de su primer matrimonio y Alex del segundo). Esta trama ocupa toda la mitad del libro, y está estructurada desde el presente del protagonista hasta el pasado; es decir parte de la realidad actual de Frank para ir retrocediendo en el tiempo hasta la muerte de su primera esposa. Después, la novela vuelve a tomar el rumbo presente y se centra más en el tema del homeschooling y la lucha de este padre por conseguir un centro o un sistema de enseñanza, acorde a las expectativas e inquietudes de su hijo, optando finalmente por la solución de la educación en su propia casa. 



La segunda parte de "No quiero ir a la escuela" resulta en ese sentido un poco más densa, ya que se intenta exponer a través de largas conversaciones las razones por las cuáles estos padres y madres han optado por educar a sus hijos fuera del centro escolar. Con algunas de ellas, me siento bastante identificado como maestro y aunque esté tirando piedras contra mi propio tejado, es cierto que con frecuencia los profesionales de la enseñanza nos encontramos prisioneros de una serie de objetivos, contenidos, criterios de evaluación, libros de textos, competencias básicas, etc.; una ratio de alumnado por clase que cada vez es más numerosa y que resulta complicado atender y educar con la eficacia que uno quisiera. Por no hablar del tema de la disciplina del alumnado, o la problemática de los alumnos /as de integración que en muchas ocasiones no pueden ser atendidos los que se quisiera por el profesional de PT y por su propio tutor/a... Y van pasando los cursos, y se siguen dando los mismos contenidos, un poco más ampliados y es cierto que uno tiene la sensación que tiene siempre que partir de cero con los chicos/as.  Y no soy el único, lo pensamos muchos, la gran parte, de los profesionales de la enseñanza. Hay algo que falla. Muchos alumnos /as se sienten que van al colegio para nada, ya que las actividades que realizan o son demasiado sencillas y se aburren o son demasiado elevadas y se aburren de igual manera. Es difícil dar una atención individualizada a cada alumno y este movimiento de homeschooling busca un método de enseñanza más libre, más intuitivo, basado no tanto en hacer tareas o deberes sino en partir de la experiencia - visitas a museos, zoológicos, parques temáticos, pueden ser una opción; otro el uso de las nuevas tecnologías - y del planteamiento de actividades que al crío le resultan placenteras.  




Sin embargo, es cierto que sí todo el mundo decidiera optar por educar a sus hijos en casa, ¿qué haríamos los maestros /as de este país? De igual modo, pienso que hay muchas familias,sobre todo en barrios marginales o de pocos recursos económicos, que preferirían una educación gratuita y que no poseen la cultura suficiente para poder educar a sus hijos (en algunos colegios en lo que he ejercido mi labor docente, existía / existe un alto porcentaje de analfabetismo en las familias); por lo que considero complicado que el sistema se implante como algo a nivel general, al menos a corto plazo. Sobre la legalidad o no del tema, aquí pienso que sí se debía legislar de modo que los padres puedan demostrar que sus hijos están recibiendo esa educación. En el centro en el cuál ejerzo mi profesión actualmente hay un alto grado de absentismo escolar, debido en parte a que las familias trabajan como temporeros, pero también en algunos casos porque los alumnos /as deciden faltar a clase con frecuencia. En esos casos, pienso que el sistema que se propone en el libro podría derivar en picaresca, de tal modo que los críos no estén educados en sus hogares sino a lo mejor trabajando en una tienda o ayudando a cuidar de sus hermanos pequeños o con faenas de la casa. Es decir, un asunto harto complicado ya que no todos los centros poseen la misma problemática, ni las mismas necesidades que cubrir.



Sobre la novela en cuestión, podríamos decir que esta narrada con corrección, agilidad y eficacia, en el sentido de que quiere trasmitir o divulgar un mensaje y eso lo consigue. Sin embargo, como obra literaria en sí no me convenció demasiado ya que en algunos momentos se pierde el rumbo de lo puramente literario, es decir la trama novelesca es sustituida por un tono algo "panfletario" que la perjudica un poco en cuánto a agilidad y ritmo narrativo. En ese sentido, es mucho más entretenida y motivadora en su primera parte que en el segunda; al menos para mí así lo fue, aunque también es cierto que ha conseguido su objetivo y es plantearme una serie de reflexiones sobre el oficio de educador, tal y como he expuesto en mi reseña, y esto siempre es positivo, que un texto te provoque preguntas o te cuestione como profesional está bastante bien.



Joseph B Macgregor

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