viernes, 19 de septiembre de 2014

AJEDREZ PARA UN DETECTIVE NOVATO de JUAN SOTO IVARS


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

El humor, tanto en cine como en literatura, es siempre un tema peliagudo y con el que resulta complicado ser objetivo o al menos llegar a una opinión absoluta o unánime. Por ejemplo, la escena de un hombre resbalando al pisar una cáscara de plátano puede provocar la carcajada en algunos espectadores, mientras que en otros la situación puede invitar al sobresalto o a lo más sensibles directamente a la conmiseración por aquel pobre sujeto tirado en el suelo; los sentimientos que pueden provocar la clásica batalla de tartas puede variar, según  el tipo de persona, de la hilaridad compulsiva a la repugnancia más desagradable.
Lo mismo sucede con Ajedrez para un detective novato, la nueva novela de Juan Soto Ivars, y que ha sido galardonada con el XVIII Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, que o se conecta desde un principio con el tono humorístico de la historia o en caso contrario, la trama se nos antojará como una acumulación de peripecias, presuntamente divertidas a las que resulta imposible encontrarles la menor gracia. En ese sentido, me identifico más con aquellos lectores que no han conseguido conectar en ningún momento con el sentido del humor de la narración, pese a que Soto Ivars nos ofrece una historia muy bien contada, fresca y ágil, que se lee bien y en la que demuestra un buen manejo del tempo narrativo. 



La alocada trama se centra en las surrealistas aventuras de este detective novato, en realidad un “negro” literario que escribe novelas policíacas para “falsos” autores, y que recibe un cursillo express a cargo de un detective ligón, vago y caradura (Marcos Lapiedra) sobre técnicas detectivescas, encargándole resolver además una serie de casos a cuál más absurdo y esperpéntico. 





Ambos personajes – y todos los que les rodean – se nos dibujan en forma de caricatura, sin trasmitirnos nunca la sensación de ser carne y hueso, sino como meras marionetas al servicio del autor, pero cuyas características están acordes y son coherentes con el tono dicharachero y caricaturesco con el que se nos cuenta la novela, más cerca por ejemplo de una aventura de Mortadelo y Filemón o de Anacleto, agente secreto – sin que esto resulte en mi opinión nada censurable ni negativo – que con el ciclo de novelas policíacas y humor, iniciadas con “El misterio de la cripta embrujada” de Eduardo Mendoza.




Las conexiones con esta saga novelística son evidentes (el gusto por el absurdo y el surrealismo de la situaciones, personajes un tanto tocados del ala, por citar dos ejemplos) aunque, en mi opinión, al libro de Soto Ivars le falta mordacidad, más contenido, y un sentido del humor más agresivo y crítico con la sociedad actual; aspectos que sí están presente en la obra humorística de Mendoza en mayor o menor medida. 


En cualquier caso, y como señalé al comienzo de la reseña, como hay gustos para todos quizá - estoy seguro - que habrá muchos otros lectores que conectarán con el humor de la novela y la disfrutarán plenamente ya que el envoltorio en sí me parece sólido, bien construido y la trama está narrada con frescura y con mucha agilidad.






JOSEPH B MACGREGOR

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