jueves, 1 de mayo de 2014

LA VOZ DEL ÁRBOL de Vicente Muñoz Puelles








OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

"La voz del árbol" - XI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil - se articula como una narración intimista, forjada a partir de los recuerdos de la narradora de la historia. Posee algunos puntos en común con un clásico de la literatura norteamericana, "Matar a un ruiseñor" (To Kill a Mockingbird, 1960)de Harper Lee ya que también existe en la novela de Muñoz Puelles una evocación de la infancia en la que la figura paterna adquiere una gran importancia; las protagonistas de ambas novelas realizan un viaje al pasado centrado en una serie de anécdotas en las que el padre de ambas es mostrado siempre desde la admiración y el cariño, aunque sin ocultar las contradicciones o debilidades que todo ser humano posee. Las diferencias fundamentales residen básicamente en la profesión del padre (abogado que lucha por los derechos de los negros / escritor) y la enjundia de la historia, que en el caso de "Matar a un ruiseñor" resulta más dramática mientras que "La voz del árbol" parece una narración mucho más pausada, sin un conflicto realmente grave que los personajes deban afrontar o superar.


Ilustración de Adolfo Serra.

"La voz del árbol" es una historia corta que podemos dividir en dos partes bastante claras: una primera en la que la narradora (Virginia-adulta) nos describe una serie de anécdotas relacionadas con el peculiar carácter de su padre - un hombre imaginativo pero también muy sabio - y que sirven además como presentación del resto de personajes, su madre, sus hermanos y ella misma (Virginia-niña). Todas estas peripecias se centran en los dos grandes temas de la novela: el amor, cuidado y respeto por la naturaleza y especialmente por los animales por un lado, y por otro, la importancia de leer libros para crecer y formarnos como personas. En ese sentido, ambas temáticas parecen coexistir paralelamente a través de la narración de estas anécdotas, relacionadas siempre con la lectura (o con el oficio de escritor) o el cuidado de animales (un murciélago, una rana, un hurón y un cuervo).  



                                               Ilustración de Adolfo Serra.

A partir del instante en el que Verónica-niña descubre una casa de madera, ubicada en las ramas de un algarrobo, en cuyo interior encuentra un libro abandonado, que va cambiando conforme lo va leyendo, (Orlando, Robinsón Crusoe, El mundo perdido, El libro de la selva...) y que decide leer siempre en ese lugar, la narración parece que se centra más en el segundo tema del libro: el placer de la lectura como estimulante necesario para desarrollar la imaginación, crecer como personas y como forma de entretenimiento. 


                                                     Ilustración de Adolfo Serra.

En ese sentido, la labor como ilustrador de Adolfo Serra resulta fundamental, ya que sus dibujos reflejan muy bien no sólo algunos pasajes del libro sino en algún caso además la conexión que se produce entre lectura y fantasía.


                                               Ilustración de Adolfo Serra.

Muñoz Puelles consigue una narración esplendida, muy intimista, narrada con sencillez pero con profundidad, que nos regala momentos muy conmovedores; se evidencia además como una historia repleta de situaciones de matiz claramente autobiográfico, dado el alto grado de autenticidad que desprende la novela en muchos momentos. De igual modo, las opiniones o reflexiones que expresan los personajes a lo largo del texto son compartidos claramente por el autor, que refleja así su amor por la naturaleza y por el oficio de escritor.


El autor, Vicente Muñoz Puelles.


JOSEPH B MACGREGOR

2 comentarios:

  1. Las ilustraciones parecen postales de esas que pondrías en algún rincón de la casa... Muy bellas y la historia también.
    Patricia

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  2. Lo son. Me parece que el autor tenía muy claro lo que quería trasmitir con este libro y lo consigue con nota alta.
    Un abrazo

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