martes, 7 de mayo de 2013

PAZ EN LA TIERRA



Cátedra, en su colección "Letras Populares", continua con su estimable labor de reivindicación de escritores de género. Le toca el turno al polaco Stanislaw Lem, nombre fundamental de la Ciencia-Ficción. En esta ocasión, se nos ofrece "Paz en la Tierra", su última obra, en la que a través del humor y la sátira habla de los temas y asuntos que siempre le han preocupado y que han sido una constante en todos sus libros.

OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Cuando alguien – no sabemos quién – decidió clasificar los libros en géneros, posiblemente lo hizo por un interés puramente pragmático. Sin embargo, en ocasiones resulta complicado encajar según qué libros y según qué autores en un compartimento estanco determinado.

En teoría, y en cualquier manual especializado, Stanislaw Lem aparecerá como uno de los autores fundamentales de Ciencia-Ficción. En líneas generales, no faltamos a la verdad, aunque el polaco haya abordado otros géneros y temáticas, pero esencialmente sus libros pertenecen por derecho propio a la ciencia-ficción. Pero a la vez, este condicionante resulta bastante injusto y sobre todo demasiado simplista y reducionista, ya que considero a Lem como un autor del mismo nivel que Nabokov, Tolstoi o Chejov; es decir para mí es básicamente un excelente novelista, capaz de mezclar sátira social y humor con un profundo contenido psicológico y filosófico, a través de argumentos, tramas o temáticas propias de la Ciencia-Ficción, pero que resultan meras excusas, un simple envoltorio en el que combinar estos elementos.



Libros como “Ciberiada” o “Diarios de las Estrellas” poseen el mismo valor simbólico y satírico que “Los viajes de Gulliver”, y algunos de las historias incluidas en estos, adquieren tal grado de abstracción que parecen ideadas por un gran cerebro superior. En definitiva, la ciencia-ficción de Lem es diferente a la que abordaron Issac Assimov, Arthur C. Clarke o Ray Bradbury. Cada uno de ellos son autores de gran personalidad, que expresan en sus libros también profundas reflexiones sobre la sociedad que les tocó vivir, pero el modo en como Lem realiza esta crítica, expone sus opiniones o trasmite sus reflexiones son propias de un autor de gran calibre. Su adscripción a la ciencia-ficción debiera, por tanto, ser superada cuánto antes ya que su manera de narrar es propia de los grandes maestros de la literatura.

Paz en la Tierra” fue su última novela publicada (entre los años 1984 y 1987). En ella, todos los elementos antes citados aparecen de nuevo: ciencia-ficción, humor, ironía y sátira, filosofía y psicología, elementos de thriller policíaco o de novela de espías, surrealismo y absurdo, caricatura y esperpento; pero sobre todo, un manejo magistral de la narrativa; principalmente a la hora de combinar todos estos ingredientes sin que ninguno destaque por encima del otro, bien equilibrados y manifestándose el conjunto en un estilo propio y personal, realista pero a la vez con cierta tendencia al grand-guiñol, al enredo por el enredo; porque “Paz en la Tierra” no oculta en ningún momento su condición de farsa esperpéntica y maravillosa.

El argumento parte de un planteamiento prometedor: Solo Ijon Tichysabe sabe con certeza qué está pasando en la Luna. Ha sido enviado al satélite en misión secreta por las grandes superpotencias terrestres, responsables de trasladar allí la totalidad de las armas, lo que ha dejado al planeta azul libre de guerras por primera vez en su historia. Pero Tichy es incapaz de dar respuesta alguna, pues ha sufrido en el espacio un inusual accidente, su mente ha sido callosotomizada y ahora vive con los dos hemisferios de su cerebro enfrentados entre sí. ¿Podrá Tichyrevelar el misterio del que ha sido testigo, el misterio que trae en vilo a todos los sistemas de inteligencia terrestres?

Así, en la novela se puede advertir tres partes, narrativamente hablando. En la primera de ella, se nos cuenta las peripecias de Ijon Tichysabe, que intenta conciliar los dos hemisferios de su cerebro, ya que, desde que regresó de su expedición lunar, no puede controlarlos y cada una funciona a su libre albedrío. Es la parte más divertida, absurda y surrealista con diferencia.

En la segunda, Ijon nos narra sus recuerdos sobre el viaje lunar como modo de encontrar una respuesta al porqué de su callosotomitazación, ya que no consigue evocar el suceso que provocó la lesión cerebral. La luna se nos muestra como un planeta extraño, que parece tener vida y pensamiento propios y el explorador nos narra sus asombrosas experiencias que resultan a cuál más rara e inexplicable. Desde mi punto, Lem nos ofrece los mejores momentos de la novela en cuánto a Ciencia-Ficción se refiere.

Una tercera parte, se centra en los intentos por diferentes organizaciones secretas o científicas por encontrar una respuesta sobre lo sucedido durante el viaje lunar de Ijon. Esta parte adopta el formato de una alocada y disparatada trama de espionaje o de thriller. Estas tres partes no aparecen divididas en bloques o en compartimentos estancos – tampoco entremezcladas o confundidas - sino que conviven de manera simultánea, aportando así a la novela una mayor agilidad y amenidad.




Ya el título de la novela, “Paz en la Tierra” encierra grandes dosis de ironía. Lem ambienta la historia en una Tierra futura en la que por fin se ha conseguido el desarme mundial y por tanto la pacificación del planeta. Sin embargo, esta presunta paz no puede ser más ilusoria, cercana al autoengaño, ya que lo que han hecho las superpotencias mundiales es trasladar su armamento a la Luna; se han repartido el satélite y lo han dividido en sectores cada uno perteneciente a una gran potencia. En estos, han establecido sus propias fronteras y han colocado su armamento, que posee, entre otras, dos grandes peculiaridades: no necesita la mano de un hombre o de un soldado para funcionar, y posee la capacidad de autoreciclarse y autoevolucionar sin necesidad de que nadie accione ningún mecanismo o pulse ningún botón. De igual modo, los grandes avances en la miniaturización de chips y demás elementos informáticos han permitido la fabricación de armas cada vez más pequeñas y autónomas, de aspecto casi de insecto. La exploración de Ijon pone de manifiesto las deficiencias o puntos débiles de semejante solución, demostrando que esa presunta paz en la Tierra, que parecía más que garantizada y asegurada, termina provocado justo el efecto contrario: el fracaso del sistema y, como consecuencia, el desastre total para nuestro planeta.

JOSEPH B MACGREGOR



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