martes, 7 de mayo de 2013

AL ACECHO




Opinión de Joseph B Macgregor
Tengo que confesar que la lectura de Al Acecho (XXXI Premio de Novela Felipe Trigo) me ha provocado sentimientos encontrados. Por un lado, como thriller, novela de intriga o policiaca, me ha parecido bastante corriente, tirando a vulgar. Sin embargo, como novela en sí la he disfrutado mucho ya que ofrece aspectos muy interesantes y motivadores, integrados además en una narración de calidad más que notable.

Así, como novela de misterio parte de un atractivo planteamiento: En los últimos años de la República Española, en un Madrid crispado y revuelto, aparecen asesinadas tres niñas de catorce años, alumnas del mismo colegio y con algunos puntos escabrosos en su vida personal. La puesta en escena de las niñas muertas llama la atención a la policía por la pulcritud y al especial cuidado con que los cadáveres están colocados. Se encarga del caso el inspector del cuerpo de Investigación y Vigilancia Julián Fierro, un sujeto atormentado y escéptico, pendiente de una madre enferma, y que adolece de un profundo nihilismo, vacío que ahoga con alcohol, aunque encuentra cierto consuelo en Adela, una madre soltera con la que vive una relación sentimental.



Tanto el caso a resolver como el personaje protagonista no carecen de atractivo; sin embargo, desde mi punto de vista, la investigación no avanza con la fluidez adecuada. Una vez planteada, ésta queda aparcada durante muchos capítulos para ser recuperada de nuevo brevemente, volver a olvidarla otra vez y resolverla por fin en un desenlace más o menos previsible. Como novela de misterio, resulta decepcionante e insuficiente.

Pero, como señalé al comienzo de la reseña, es innegable también que como novela de ambientación histórica nos encontramos con un texto de una calidad excepcional e indiscutible. Noemí Sabugal demuestra una gran habilidad para describir escenarios, trasmitir atmosferas, aromas y olores, dibujar la miseria y mostrar un gusto por el detalle de lo cotidiano realmente admirable. Acierta en la descripción de un Madrid descontento y de sus habitantes, ciudad en la que se producen continuos disturbios sociales, asesinatos o masacres de carácter político, huelgas y atentados o cambios constantes de gobierno. De igual modo, la autora parece especialmente interesada en destripar los entresijos de un Madrid en decadencia, en el que brillan más las sombras que las luces.

En ese sentido, Sabugal deja un poco de lado la investigación de Fierro porque le interesa mucho más mostrarnos su vida, sus peripecias cotidianas, sus problemas, obsesiones, angustias e inquietudes. En ese sentido, como retrato de supervivencia no tiene precio; historia sombría y trágica en la que todos los personajes intentan sobrevivir día a día en una ciudad sin esperanzas, oscura y triste. Todos resultan muy humanos, complejos, de carne y hueso, tanto los principales como los secundarios. Así, la novela gana en interés y sus peripecias no resultan inoportunas ni un relleno innecesario sino que nos importan y nos condolemos con ellas.



De igual modo, la investigación no avanza porque tanto Fierro como sus colaboradores están demasiado ocupados en otros asuntos, provocados por los tiempos convulsos que vive la ciudad. En un Madrid en la que todos los días mueren tantas personas ¿Qué interés tiene el descubrir al asesino de las niñas? Son una muerte más.

Sin embargo, toda la peripecia que lleva al inspector a resolver el caso y a tomar algunas decisiones, bastante “particulares”, significará para éste una suerte de redención personal. Porque quizá lo más importante de esta novela no sea el descubrir la identidad del asesino de las niñas – algo que resulta, como ya dije, poco sorprendente - sino el ajuste de cuentas que Fierro hace con su propio pasado; momento en que la historia adquiere por fin toda su fuerza, emoción y significado.



JOSEPH B MACGREGOR

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