domingo, 4 de noviembre de 2012

PRISIONEROS DE ZENDA






NOVEDADES INFANTIL Y JUVENIL GRUPO-SM


OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR


Prisioneros de Zenda no oculta en ningún momento su condición de homenaje a la literatura de género, a esas novelas de aventuras firmadas por Salgari o Dumas; historias entretenidas protagonizadas por míticos aventureros, como Dick Turpin, El Conde de Montecristo o Los Tres Mosqueteros (que en realidad siempre fueron cuatro), y que habrían de enfrentarse a variados conflictos o peripecias en las que se mezclaban romanticismo y acción; primeras lecturas juveniles que forman parte, y por derecho propio, de la memoria literaria de lectores de varias generaciones (incluida la mía) y que sabían crear afición. 

Pero la evocación de Fernando Marías (texto) y Javier Olivares (ilustraciones) no se reduce a lo meramente argumental sino que se amplia y se hace patente en el acertado diseño del libro, en el que se intenta homenajear también a Ulises Wensell, célebre ilustrador de muchos de nuestros cuentos de la infancia. En ese sentido, la comunión entre texto e imagen me parece perfecta. Además, el fondo de las páginas de cada una de las cuatro historias contenidas en el libro aparece entintado con diferentes tonos y colores, adquiriendo mayor fuerza e intensidad, potenciando así su originalidad y belleza. 

De las cuatro historias que conforman Prisioneros de Zenda, tres de ellas resultan ser nuevas revisiones de historias publicadas previamente y sólo una es nueva; eso sí, las espléndidas ilustraciones de Olivares fueron realizadas expresamente para esta edición; sólo la primera (una de piratas), la tercera (que opta por la aventura de ambientación histórica) y la cuarta (la cacería en la tundra de un extraño animal) se pueden considerar como evocaciones más claras del universo de novelas juveniles de aventuras que, en principio, se intenta homenajear, mientras que la segunda parece más próxima al género fantástico, más concretamente al de ciencia-ficción o terror, que pudieran cultivar autores como Bradbury o el Richard Matheson de Soy Leyenda, aunque el tratamiento del personaje principal así como la peripecia (sentimental) que protagoniza sí me parecieron novedosos y muy originales. 

Este ejercicio reivindicativo evita el guiño cómplice o la cita facilona para el lector; muy al contrario cada una de las historias se abordan con grandes dosis de singularidad, evidenciando Marías  un pulso narrativo excelente; además demuestra una envidiable pericia al saber mezclar con el equilibrio adecuado en una única trama elementos de acción con otros más sentimentales, sin caer en la sensiblería o en lo cursi; en definitiva: cuatro propuestas a cuál más interesante y motivadora que, en ningún caso, decepcionan.

JOSEPH B MACGREGOR

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