martes, 13 de noviembre de 2012

LA SEDUCCIÓN DE LA MÚSICA



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

En LA SEDUCCIÓN DE LA MÚSICA, el divulgador científico alemán Christoph Drösser intenta demostrar que no es cierto que "la mayoría de las personas no son musicales". Recientes descubrimientos neurocientíficos "explican que la musicalidad es una facultad que prácticamente poseemos todos y cada uno de nosotros". A partir de esta idea, Drösser  ofrecerá a lo largo del libro argumentos suficientemente convincentes, avalados además por conclusiones de experimentos realizados en el ámbito de la neurociencia o por profundos estudios en ese campo que "demuestran que la musicalidad es una capacidad básica que poseemos todos" y que ésta no es un don que sólo poseen unos privilegiados con talento; esto es así porque "la música se genera en nuestra cabeza. Nuestro cerebro es el auténtico instrumento musical que todos poseemos".

Así, por citar tan sólo un ejemplo representativo de los que Drösser ofrece en el libro, Stefan Koelsch demuestra en su ensayo La relación social con la capacidad ( Der soziale Umgang mit Fähigkeit) como el talento nos es más que una invención social y para ello cita por ejemplo la figura de Mozart, presunto niño prodigio, que en su opinión no lo fue tanto; sus cualidades eran fruto de una férrea disciplina a la que fue sometido por su padre. En realidad, su primera obra obra maestra la compuso a los veintiún años y su obras tempranas no parecen evidenciar su presunto talento ya que apenas se interpretan y no tienen más valor que el puramente testimonial.

En ese sentido, en La Seducción de la Música, Drösser  demuestra que todos podemos ser cantantes si nos ponemos a ellos; una cosa es el triunfo social y otra cosa que no seamos capaces de cantar; como seres pensantes que somos, lo somos también musicales. Históricamente además la música ha formado parte de la existencia humana desde prácticamente la Prehistoria hasta nuestros días.

La música además forma parte de nuestra existencia (desde que nacemos hasta que morimos) y nuestros gustos musicales dependen también de lo que hayamos ido escuchando a lo largo de los años, es decir, que nuestras preferencias musicales son producto del entrenamiento y de la educación. De igual modo, la música puede poseer "poderes curativos" y es utilizada con frecuencia en terapias de tipo emocional con gran eficacia, precisamente por esa conexión que existe entre musicalidad y cerebro.

El ensayo me parece profundo y muy interesante porque trata asuntos de corte científico pero de manera clara y ágil, para que lo podamos entender todos; en ese sentido Drösser sabe conjugar magistralmente densidad con amenidad, resultando un ensayo cuyas conclusiones quizá puedan ser discutibles pero con un enorme poso de convicción y veracidad.

JOSEPH B MACGREGOR


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