martes, 3 de julio de 2012

Puentes y Sombras de Fernando De Cea



OPINIÓN DE JOSEPH B MACGREGOR

Puentes y sombras, primera novela de Fernando de Cea, me ha parecido una novela policíaca muy digna, entretenida y bien contada pero sobre todo muy acorde con las modas o con el tipo de thrillers de misterio que suelen estar en las listas de los más vendidos; es decir, que nada tiene que envidiar a las novelas de autores escandinavos, suecos o alemanes que en estos momentos son los que se copan el mercado internacional o que despiertan mayor interés y entusiasmo entre los aficionados al género. Incluso la estructura que adopta la narración tiene mucho que ver este tipo de historias en la que no sólo importa el que los investigadores descubran al asesino sino que también se nos muestran sus vidas personales, problemas, inquietudes o conflictos. Gran parte de Puentes y sombras se preocupa en contarnos los problemas o asuntos íntimos a los que se enfrentan los personajes participantes en la trama; sus pequeñas historias que avanzan en paralelo con los diferentes enigmas detectivescos que se van planteando o van surgiendo a lo largo de la narración.

 La historia se desarrolla en Sevilla, ciudad que se convierte en un personaje más debido a la potente presencia que tiene a lo largo de la narración; aunque - según expone el propio autor al final del libro - se nos muestra una Sevilla de ficción ya que De Cea por exigencias dramáticas ha tenido que inventar algunas localizaciones que no existen en la ciudad real, cambiar el nombre de algunos barrios o ajustar el entorno del lugar para que algunos conflictos se desarrollen de manera convincente para el lector. De hecho, si no conoces demasiado bien Sevilla y el autor no lo señalará al final del libro, la Sevilla de Puentes y Sombras da el pego completamente; todo el ambiente de hampa, proxenetismo y prostitución, tráfico de drogas, relaciones entre clanes gitanos, yonkis... se nos muestra con gran veracidad, sin exageraciones o sin caer en fáciles tópicos, teniendo en cuenta, eso sí, que nos encontramos con una novela de género policíaco cuyas reglas De Cea cumple y respeta a la perfección.

 En realidad, toda la acción pivota en torno a un único caso: las sucesivas muertes de varias mujeres que son asfixiadas con un cinturón, por lo que todo hace pensar en un asesino en serie como autor de los homicidios. De la investigación se ocupan principalmente el inspector Hidalgo y la subinspectora Sam Torres, aunque aparecen otros personajes como El Gabacho, un yonki, que se ve salpicado por el asunto y por la muerte de Charlie, un camello del barrio, o la reportera novata de La Voz de Hispalis, periódico local, que investiga un turbio asunto entre dos clanes gitanos que residen en las 3000 viviendas. Como señalé anteriormente, de cada uno de ellos conocemos además sus problemas sentimentales o conyugales, cuentas pendientes con el pasado que deben saldar o problemas familiares a los que se deben de enfrentar. De igual modo, el día a día de una comisaría de distrito o de un periódico local se nos describe con gran autenticidad y poder de convicción.

En ese sentido, los personajes se nos aparecen como de carne y hueso, están muy conseguidos, muy bien caracterizados, por lo que consiguen pronto la complicidad y empatía con el lector; resultan atractivos y por eso el interés de la trama no decae en ningún momento. En cuanto al enfoque o punto de vista, el autor opta en un tanto por ciento importante por la tercera persona, aunque introduce cada capítulo con la narración en primera persona de uno de los personajes y en una ocasión describe la huida y persecución de un sospechoso en segunda persona, algo que resulta un tanto chocante y que pienso rompe un poco con el ritmo narrativo.

Esta claro que la intención del autor es que nos pongamos en la piel del perseguido pero creo que en ese caso el uso de la segunda persona chirría bastante, ya que además el autor no la vuelve a utilizar más a lo largo del resto de la historia. Por último, en cuanto al desenlace, de influencias claramente hitchcockianas (aunque la referencia más directa nos lleva a algunos giallos de Dario Argento como Rojo Oscuro o incluso a Hasta que llegó su hora, western psicológico de Sergio Leone), pienso que se nos dan suficientes pistas a lo largo de la novela como para que la resolución del enigma no resulte tan sorprendente como pretende De Cea, sino más o menos previsible; sin embargo, sí me gustaría destacar la capacidad del autor para cerrar cada uno de los frentes abiertos sin flecos, resolviendo cada una de las tramas y conflictos planteados a lo largo de la narración con la perfección de un mecanismo de relojería, aunque la conclusión de alguno de ellos (en concreto el que se refiere a la subinspectora Sam) no haya sido del todo de mi agrado.

 Joseph B Macgregor 

Más información en el blog de Abec Editores

2 comentarios:

  1. Gracias por la completa y sincera crítica.
    En cuanto al desenlace de Sam, que realmente no lo es porque queda abierto (entiendo que te deje un poco desconcertado), decirte que da pie a la continuación que ya estoy ultimando.
    Un saludo!!

    ResponderEliminar
  2. Hola, Fernando!
    Gracias por visitar mi blog. La verdad que al terminar la novela pensé en una segunda parte e incluso en una serie o una saga protagonizada por la subinspectora Sam; es decir me alegro de que hayas decidido continuarla.

    Un saludo!!!
    Josephb

    ResponderEliminar